martes, 23 de septiembre de 2014

-

Te miré e hiciste exactamente lo mismo a viceversa. No dejé que ninguna palabra saliera de mis labios, tan sólo permanecí en silencio. Vos, hiciste todo lo contrario.
Yo tenía mi propio mundo, mis ideales y mis sueños. Jamás te los mostré, tan sólo permanecí en silencio, escuchaba tus sueños abstractos, tu pensamiento frío y tu mundo totalmente diferente al mío.
Aunque no compartía tus ideales, me sumergí en ellos, así podría, de esta manera entenderte mejor.
Bailé tu música desconocida junto a tu cerebro.
Dejé de lado todo mi mundo amado, conocido y seguro, sólo para poder entenderte.
Con el tiempo desarrollé dos puntos de vista. El mío y el mío infectado con tus influencias.
En ningún momento te tomaste la delicadeza de hacer lo mismo, con eso entendí que jamás tuve la misma relevancia en tu vida como la que vos tenías en la mía.
Continué en silencio y me marché. 
Regresé a mi propio mundo, escuchando mi música bailando junto a mis sueños e ideales, habiendo aprendido una lección extremadamente valiosa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario