Se miró en el espejo, se sintió invencible, perfecto, lindo. Agarró un peine, se peinó, siguió admirando su cara en el espejo.
Apagó la luz, pero recordó que debía dejar el peine, volvió a prender la luz y no pudo evitar volver a contemplar el reflejo del espejo.
Sintió el calvario, sintió que todo lo que veía se evaporó, se sentía patético, horrible como un monstruo, desagradable a la vista. Arrojó el peine al suelo. Apagó la luz nuevamente, y volvió a prenderla pero cada vez se veía más feo, más patético.
"¿Por qué?" lanzó un grito y golpeó fuertemente al espejo.
El espejo se rompió en pedazos, incrustándose en sus manos y brazos. Ahora sentía un dolor infernal, parecía una pesadilla.
"¡Ésto no está pasando!" gritó
Sentía cómo fluía la sangre y cómo pintaba el suelo de color rojo carmesí.
De repente no se podían ver más colores. Abrió los ojos, y vio todo blanco, y enfrente una televisión.
Había una ventana a la derecha de la cama y en la mesita de luz un florero.
Era de día, los rayos del sol, entraban en la habitación sin pedir permiso.
Sus brazos estaban envueltos por gasas, cerró los ojos e intentó soñar que nada de eso había ocurrido.
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